Ciudad Victoria; Tamaulipas:

Al son de la música del fara fara, cientos de victorenses acudieron al panteón municipal de La Santa Cruz para visitar las tumbas de sus madres y festejar este 10 de Mayo.

Un día de sentimientos encontrados, ya que mientras la gran mayoría festeja con regalos, llevándolas a comer a un buen restaurante, otro gran porcentaje de la población lo hace frente a la tumba en un cementerio.

Tal es el caso de la familia Ortega Franco, quienes desde hace casi cuatro años acuden a al cementerio de la Santa Cruz para visitar la tumba de su madre, doña Juana Franco Castillo, quien era originaria de Jaumave, Tamaulipas.

“Venimos a visitarla, como ya casi tiene cuatro años, venimos a visitarla año tras año, se recuerdan muchas cosas de cuando estaba con nosotros.. Muchas cosas, era una mamá muy buena gente cada año seguimos viniendo a visitarla, somos cinco hermanos son cuatro hombres y una mujer”, expresó Ignacio Ortega Franco.

“Oh madre querida, oh madre adorada, que Dios te bendiga aquí en tu morada”, una canción de los Tigres del Norte se escuchaba en una bocina que la familia llevó hasta la tumba de doña Juanita como cariñosamente le llamaban.

De los recuerdos más presentes que Ignacio dijo tener de su mamá, es que “a ella le gustaba mucho comer nopalitos, chochas, y todo eso de rancho porque nosotros somos de rancho, pura comida de gente de más antes”.

Los consejos que más recuerda de su madre es aquel en el que le pedía que se cuidara mucho y no se expusiera ante los peligros: “Hay muchos recuerdos… Ates salía mucho a la calle y siempre nos decía que nos viniéramos temprano, que no anduviéramos en la noche por ahí y más cosas que ahorita no recuerdo”.

Ahí en un sepulcro cercano se encontraba Nancy Maribel Torres Salas en compañía de su hija quien también acudió a visitarla y dejar flores a ese sitio para su madre, quien tiene poco más de tres años que falleció.

Con un nudo en la garganta y las lágrimas a punto de brotar, señala que siempre estaba junto a su madre y a partir de su fallecimiento su vida cambió totalmente y es un dolor indescriptible el que se siente ante la ausencia de quien le dio la vida.

“Siempre andábamos juntas y pues hoy ya no…. Siempre me decía que cuidara mucho a mis hijos… Este día es muy difícil y todos los días, la vida cambia cuando ya no está la madre, ella era muy alegre con todos… Ahora ya no es lo mismo, cuando ella se acabó todo terminó.

Con voz quebrada Nancy recuerda que su mamá disfrutaba mucho comer rajas con queso, chicharon, arroz; eran de las comidas preferidas de quien perdió la vida muy joven, a los 52 años.

En el cementerio de la Cruz, desde temprana hora cientos de victorenses acudieron a visitar las tumbas de sus madres, aprovecharon para llevarle sus canciones preferidas y también para compartir un almuerzo o comida preparado con anticipación como lo hicieron la señora Nancy y la familia Ortega Franco.